La vuelta… ¿a la normalidad?

Nuevo microrrelato de Lucía Arranz, miembro del equipo de psicólogos de la Fundación Judy Sharp.

¡VOLVER, VOLVER ….A TUS BRAZOS OTRA VEZ!

Querido Diario:

Llevaba días pensando en escribir, pero no me acababa de animar.

Estoy estresada. Nerviosa. Inquieta. Así no puedo pensar bien, conectarme, como digo yo, acercarme a “mi sentir”. No puedo. Demasiada actividad es incompatible con pensar, porque para pensar hay que pararse. Pararse a pensar.

Creo que esto es lo que debe pasarles a los niños hiperactivos, que como están siempre moviéndose, siempre hablando, siempre agitados, no pueden concentrarse porque no pueden pararse…a pensar.

Pero el caso es que no quiero pararme.

El confinamiento me frenó, como a todos, y eso me ayudó a parar y a “pararme a pensar”. Pero ahora… ahora que ya parece que comienza la actividad, empiezo a agitarme en mi silla, se me activan las antenas, me pongo alerta. ¡Salir, se puede salir! A las 20 horas en punto  ya estaba yo preparada con mi bicicleta para echarme a rodar, para darme a la fuga. Esa era mi fantasía. Me cojo la bici y me voy lejos, muy lejos.

Volví, pero bien tarde.

Al día siguiente salí a caminar, porque ahora parece que no se pasea, sino que se camina. Pasear supone ir acompañado y charlando, y esa no es la idea. Así que salgo a realizar una tarea que me impongo, la de cumplir con hacer ejercicio, mantenerme en forma.

Y me ayuda; voy notando que cada vez estoy más activa, más en marcha, preparada para… ¡Volver a la normalidad!

Pero, ¿quiero volver a esa normalidad? Realizar otra vez una actividad tras otra, ¿quiero?

¡No, no quiero!, me agobio si pienso en ello. Mejor me quedo en casa confinada.

Y de repente, con este nuevo pensamiento, me siento totalmente contrariada. Desconcertada y confusa.

Tengo nostalgia de ese primer mes en casa, cuando entré en esa fase dulce de retiro, sintiendo mi pena, mi desilusión, mi apatía… No sé, me refiero a que entendía mejor mi sentimiento. Pero, ¿ahora, qué siento?

Hace un rato decía lo eufórica que me sentía al poder salir y ahora me desagrada esta sensación de VOLVER.  ¿Quién lo entiende? Desde que ha empezado la situación de desescalada estoy así, ambivalente. Estoy en un quiero-no quiero a un tiempo.

Es difícil todo esto. Primero para, luego arranca… pero luego seguramente habrá otra parada, según ya nos van advirtiendo. Es súper confuso, me desoriento.

Pero voy a parar para pensar, y me digo a mí misma que no voy a regresar al “mundo” sin cuestionarme nada. Tendré que preguntarme a dónde vuelvo, de dónde vengo, qué dejo, por qué entro, por qué salgo. ¿Tendré que preguntármelo? ¿O no?

Otra posibilidad sería dejarme llevar por esa reactivación que nos recomiendan retomar lo antes posible, entrar de nuevo en la rueda de hacer y producir, de producir y hacer, sin más. Volver a esa “normalidad” como la califican.

Pero ese desagrado que siento dentro, esa sensación… cómo te diría yo, de inquietud, me quiere transmitir algo, me dice que me pare un poco más. Me dice que algo pasa y tengo que hacerle caso, frenar de nuevo  y pararme para pensar.

Y empiezo a plantearme si quiero volver a mi vida; y me pregunto por qué este virus, desde cuándo este virus… y me pongo a leer para informarme, porque el telediario, la verdad sea dicha, es ya un poco reiterativo y francamente no me ayuda; y busco, busco entre fuentes de información que entiendo como rigurosas,  y… encuentro.  

Y me voy dando por enterada de que este virus tiene que ver con nuestra forma de vivir y de estar en el mundo, y de que esa “normalidad” de la que hablamos es sólo un constructo,  una abstracción elaborada por nosotros mismos (¿o por otros?) por lo que, entonces,  podríamos crear otra normalidad. Y me digo que el ser humano en  un absurdo trágico,  es en realidad el principal factor destructivo que atenta contra su propia existencia.

Bueno… es verdad que por pararme a pensar he llegado a una idea un poco pesimista, pero fíjate, prefiero tener una postura, aunque no sea del todo positiva, a no tenerla. El no posicionarte en unos principios más o menos definidos te lleva a vivir agitada, nerviosa, y si me apuras, diría yo que zarandeada y manipulada.

No me gusta, no. No me gusta el exceso de actividad  y exigencia (en ocasiones, autoimpuesta) que implica no ser dueña de mi vida. Tampoco voy a ser ingenua, porque sé que soy una hormiguita en un mundo dirigido por elefantes, sé que pertenezco a un mundo global que es dirigido por otros.

Pero sí puedo, al pararme a pensar, ser dueña de mí, de mis pensamientos, de mis emociones, que es lo más importante que tengo. Nadie me puede quitar mi conciencia.

Y nuevamente, como ya he escrito en otras ocasiones, al terminar de escribir me siento… ¿Cómo decirlo?… Más libre y más en paz.

Lucía Arranz Rico

11 de Mayo 2020

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