El bálsamo de las palabras

Un nuevo texto de nuestra compañera, la psicóloga Lucía Arranz, miembro del equipo de la Fundación Judy Sharp. Podéis leer todos sus textos en : https://luciarranzpsicologa.wordpress.com/.

Querido diario:

Hace unos días Julio Llamazares hizo una presentación bajo el título “El valor terapéutico de la escritura”. Tengo que dar las gracias a nuestras circunstancias pandémicas el que yo pudiera ser parte de su público, participando desde mi casa como oyente de su discurso, ya que de no haber sido porque ahora vivimos en la modalidad online permanente, es más que probable que yo no hubiera asistido físicamente a la Residencia de Estudiantes desde la que se presentó.

Una hora bien aprovechada escuchando a este erudito escritor, pues alimentó mi espíritu y me impulsó  a escribir un nuevo microrrelato.

Desde junio no he conseguido publicar en mi pequeño blog nada, y aunque he hecho algunos intentos de escribir,  mi aceleración por vivir experiencias no ayudaban a la concentración que esta labor me requiere.

Fue por aquel entonces, al “abrirse las fronteras” tras el “encarcelamiento”, cuando cogí mi bici para escapar de casa, cuando hice las maletas para escapar a la playa; cuando cogí el azadón para arreglar mi jardín; cuando dediqué horas de veladas con familiares y amigos para reír; cuando caminé por los pinares tomando aire para llenarme de ese olor característico de los pinos, sintiéndolos tan cerca de mi historia, y escuchando el sonido que producen las hojas secas bajo mis pies mientras camino o corro sorteando los árboles.

Poder observar las estrellas por la noche y los amaneceres y puestas de sol, y repitiéndolo con ansias una y otra vez, un día tras otro. Y disfrutar poniendo la mirada sobre esos campos anchos de Castilla, tan hermosos, tan serenos.

Y sentirme dichosa, privilegiada de estar allí, de estar aquí, en la vida, y darme cuenta de que no necesito mucho más para llegar a la conclusión de que merece la pena vivir, aunque sea con mascarilla.

Sí, he escuchado a alguna persona decir que así no merece la pena vivir. Y confieso que me produjo un gran choque. Y es a partir de este desconcierto o disonancia que siento, cuando me pongo a pensar por qué para mí sí la tiene.

Desde luego creo que, como decía Julio Llamazares, la vida en sí misma es fruto de sufrimiento. Con pandemia o sin ella, nos enfrentamos constantemente al sin sentido, además de que nuestras vidas cursan con constantes pérdidas que tenemos que afrontar con mucho esfuerzo.

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Y en este devenir de dolor que nos espera, tenemos que ir construyendo la forma de paliarlo. Compensarlo por medio de otros momentos que nos procuren bienestar. Y cargar a esos momentos de una resonancia tal que nos haga sentir que merece la pena estar aquí.

Necesitamos bálsamos para estar en la vida. Y de esto hablaba Julio Llamazares, de la literatura como un bálsamo. La literatura, englobando tanto la lectura como la escritura, decía él.

Y me acordé de que así empecé a escribir estos microrrelatos.

En aquellas primeras semanas de confinamiento, empecé a escribir para “viajar” más allá de las paredes de mi casa, para “liberarme” de una sensación de ahogo constante, y al hacerlo me calmé; y con esa real experiencia, corroboro ahora plenamente lo que le escuché decir aquel día a Llamazares, que la literatura es un verdadero bálsamo.

Agradecí enormemente la exposición que hizo este escritor leonés, a las personas que organizaron este ciclo de conferencias que fueron las que le invitaron a participar. Agradezco en general, a todas las personas que venciendo su pereza se esfuerzan por transmitir algo a los demás, porque si hay algo que necesitamos los humanos es estar en relación con otros humanos, comunicarnos y compartir.

Y creo que parte del sentido de la vida, de mi vida, es devolver lo que recibo, por eso escribo esto hoy, para transmitir, si es que he logrado hacerlo, la esencia de lo que escuché entonces o más bien con lo que yo me quedé.

Escuchar a este escritor me ha dado la fuerza para pararme de nuevo a escribir, pues como decía antes, “eché a correr para no mirar atrás”. Pero ¿para qué corro tanto? me pregunto. ¿Para no asumir? ¿Para no sentir? ¿Para no sufrir? ¿Para no pensar?.

Vivir sin reflexión, trampa mortal

Escribo esto en esta sección que he titulado “Diario de cuarentena” con esa idea de bálsamo, porque creo que todos juntos estamos pasando a un mismo tiempo por las mismas sensaciones de pérdida. Y, justo por eso, el ungüento que, en forma de palabras, he fabricado para calmar mis heridas, puede que también te sirva a ti para curar las tuyas.

Escribir como una forma de hacer llegar a los demás lo que siento, lo que pienso, es algo que me interesa, pues me da la posibilidad de ponerme en el lugar de otros hasta sentir su cercanía.

Pienso al escribir todo esto en alguna persona que en este momento se encuentra inmersa en ese trance de tener que dejar marchar a alguien querido para, con ello, poder quedarse arropada en la sensación de dicha por haberlo tenido. Y le acompaño profunda y sinceramente en ese sentimiento.

Y claro, pienso también en aquélla persona que me dijo que así no tenía sentido vivir y me pregunto si mi pequeño texto habrá servido para generar al menos alguna duda en ella que, al permitirle atisbar la vida como un regalo de sensaciones no sólo amargas,  le haga cambiar de idea. Y le acompaño en esa búsqueda de un significado que parece haber perdido, pero que sin embargo, está ahí, esperándola de nuevo.

Podría seguir escribiendo eternamente hasta acercarme a esa posibilidad imaginada de sentir contigo, y así amortiguar mi soledad para conseguir que la escritura adquiera el valor terapéutico que deseo.

Gracias querido diario, por albergar mi sentimiento.

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