Érase una vez en una aldea del África profunda

Imagen de una obra de Eneko las Heras, padre de Quemo.

Compartimos con vosotros tres cuentos escritos por Quemo Baldé, un joven adulto que empezó a asistir a uno de nuestros centros en el año 2014. La escritura como medio expresivo siempre le atrajo y como un regalo, nos ha ofrecido estos preciosos microrrelatos que provienen de recuerdos de su infancia en su país de origen, Guinea Bissau. Te lo agradecemos mucho, Quemo.

Cuento 1

Érase una vez en una aldea del África profunda, un niño llamado Quemo. Tenía unos seis o siete años y lo que más le gustaba era cuidar de sus vacas y jugar con sus amigos Parre, Bucka y Jaruna. Ellos le mandaban a hacer todo lo que no querían hacer y él, como siempre, obedeciendo. Quemo quería a sus vacas más que su a familia, pero un día cayó enfermo y la enfermedad avanzaba rápido sin que nadie supiera qué tenía.

Sus padres hicieron todo lo posible por sanarle: viajes aquí y allá, rituales, sacrificios, etc., pero de nada sirvió, hasta que un día oyeron de un sabio llamado Mbalo que vivía solo en la selva en un árbol muy grande y de fuertes ramas, donde tenía su pequeña casa. Este les dijo que su hijo debería ir a Europa para curarse, pero que para conseguirlo, tenían que coger los pelos de un blanco recién peinado, llevárselos y hervirlos en agua caliente durante tres días y, luego, darle de beber al niño el brebaje.

De alguna manera, funcionó porque a día de hoy estoy curado y vivo en España.

Dibujo de Quemo, de cuando era niño y quería enseñar a su familia y amigos cómo era esu aldea.

Cuento 2

Me acuerdo que una vez, de niño, le pregunté a mi padre que por qué con las vacas o los animales en general no nos entendíamos. Me dijo que a su padre, cuando también era niño, su abuelo le contó una historia sobre eso y que decía lo siguiente:

Hace muchos años atrás, en una aldea convivían humanos y animales en paz. Cuando los animales se iban de caza, los humanos les avisaban del peligro porque, al contrario que ellos, veían más y conocían lo que podía pasar. A cambio, los animales con sus grandes instintos, les avisaban de las enfermedades que podían amenazar sus vidas.

Hasta que llegó un día en que no había comida para todos y entonces los humanos empezaron a cazar a los animales para poder sobrevivir.  Pero estos, al sentirse amenazados, escaparon y en su huida les dijeron a los hombres que, a partir de entonces, convivirían con enfermedades que les sobrevendrían sin aviso y, que cuando eso ocurriese, ellos se mantendrían en silencio y alejados. Y fue así como los hombres y los animales jamás volvieron a hablar el mismo idioma.

Cuento 3

Érase una vez un niño de una aldea del África profunda que viajaba por primera vez en avión. Él ni siquiera sabía qué era un avión, pues jamás había visto uno y, menos, volando.

Cuando se montó, lo primero que pensó era que hacía un frio terrible. Luego supo que se debía al aire acondicionado, pero al principio se dijo a sí mismo que si en ese lugar a donde iba a viajar la temperatura iba a ser así, prefería quedarse en casa.

Ya sobrevolando Europa y al mirar por las ventanillas del avión, se puso muy nervioso al ver las casitas tan pequeña y él saberse tan grande. De la preocupación que sentía, sus ganas de ir al aseo se fueron y sólo pensaba en cómo decirle al piloto que diera la vuelta porque con su tamaño ¿dónde iba a poder entrar?

Por fin el avión aterrizó y se tranquilizó al advertir que los edificios no eran minúsculos como él los había imaginado, pero al bajar del avión, se quedó de nuevo con los ojos como platos. No se creía lo que estaba viendo, ¡una muchedumbre de gente blanca  por todas partes! Y al entrar en la sala de llegadas, viéndose rodeado sólo por esa gente blanca, pensó “no estoy en mi pueblo”.

Sin embargo, entre todos esos desconocidos se encontraba esperándole la que sería su nueva familia y, para su disgusto,  su hermano ¡¡¡CON UNA PANCARTA DEL BARÇA CUANDO ÉL ERA DEL REAL MADRID!!!

Vale, no fue un final feliz y no comieron perdices como los cuentos dicen al finalizar, porque los dos hermanos se “metieron a cuchillo” y su rivalidad futbolera aún perdura con la misma intensidad a pesar del paso de los años, jeje.

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